
Cuando una persona sabe que es adoptada es inevitable que, en algún momento, sienta curiosidad por saber quiénes son sus padres biológicos. Sin importar la clase de relación que se tenga con los padres adoptivos, es normal plantearse esta cuestión.
La necesidad de conocer nuestros orígenes es muy humana y comprensible. Puede suponer aceptar la realidad del ¿de dónde/quién provengo? y dejarse de conjeturas o fantasías creadas entorno a esta pregunta clave.
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Cuando una persona ha sido adoptada, inevitablemente crea unos lazos emocionales con su familia adoptiva. Esto puede llevarla a reprimir su curiosidad por saber quién son sus padres biológicos por temor a hacer daño a su familia adoptiva.
El miedo, además, a descubrir de dónde viene y llevarse una decepción es también uno de los principales frenos con los que se suelen encontrar estas personas. Al mismo tiempo puede frenar el hecho de no saber por dónde empezar o la duda de si se producirá el hallazgo.
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Tomar esta decisión puede incidir de forma muy importante en tu vida. Piensa que van a ser horas de investigación y de contactos con muchas personas diferentes, y eso no siempre va a ser fácil. Por otro lado no tomarla puede suponerte quedarte con la curiosidad o bien evitarte el disgusto de no encontrarte con lo que esperas.
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Tomárselo con calma. Comentarlo con la familia adoptiva, que quizá puedan ayudar en la toma de la decisión e incluso en la investigación. Informarte sobre los procesos adoptivos. Ponerte en contacto con otras personas adoptadas que han pasado por la misma decisión.
3 opiniones argumentadas

- Carlos Aguilera
- psicólogo ocupacional y facilitador de procesos de aprendizaje