
Todo el mundo puede, queriendo o sin querer, hacer daño a otros. Puede suceder que mis antepasados (padres, abuelos) lo hayan hecho y me sienta culpable. Nadie elige dónde nace, nacer resulta de un cúmulo de eventos, algo que podría no ocurrir de haber sido otra la historia de nuestros padres.
¿Se hereda la culpa y la responsabilidad o, por el contrario, se debe aceptar sin más el pasado, sea el que sea, porque no existíamos? ¿hasta qué punto tienen que ver con nosotros y nos obligan a algo aquellos hechos que en el pasado cometieron nuestros padres?
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La protección entre los miembros de la familia, los resentimientos o la forma en que nos ha sido transmitida la historia son algunos de los elementos que nos impiden observar con imparcialidad la historia de nuestros antepasados y familiares. Que no hubiéramos nacido cuando sucedieron no nos exime de un examen y una reflexión sobre ellos.
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Aceptar el pasado es siempre un paso para solidificar la convivencia presente. Y para abrir puentes al diálogo y el entendimiento allí donde no los hay. Pero también es un ejercicio que nos reconcilia con nosotros mismos.
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Revisar la historia desde nuevos prismas y conocer cómo otros interpretan esa misma historia, esos mismos hechos, nos ampliará la perspectiva y nos dará un nuevo horizonte desde el que entender el pasado e interpretar el presente.
6 opiniones argumentadas

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Margarita Soberón Mainero
- Estudiante Hakomi avanzado

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Francesc Torralba
- Filósofo y Teólogo


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Josep Maria Forcada Casanovas
- Doctor en Medicina por la Universidad de Barcelona

- Juan Gallardo Sánchez
- Profesor de Ciencias Sociales en Secundaria y Bachillerato

- Martín Rossi Di Salvo
- Profesor, en paro, soltero y amante de la música y el deporte