Compartir los gastos de vivienda y suministros es una buena medida de ahorro en épocas de desempleo. Si decidimos vivir con amigos, además de repartir los gastos para reforzar nuestra economía, compartir vivienda evita la soledad y nos brinda apoyo a nivel personal. Las ventajas económicas de compartir vivienda son múltiples y se concretan en el ahorro en gastos de vivienda, en suministros domésticos o en compra de alimentos y productos caseros, entre otras. Los efectos beneficiosos sobre nuestro estado emocional son también evidentes, evitamos la soledad y encontramos el apoyo de nuestros compañeros.
Una de las medidas que podemos adoptar durante el desempleo para ahorrar gastos es mudarnos a vivir con otras personas, siempre que nuestra situación personal y familiar nos lo permita. En este contexto, las ventajas económicas de compartir vivienda son múltiples, el ahorro en gastos de vivienda, en suministros domésticos o en compra de alimentos y productos caseros es evidente; a éstas se suman otras ventajas a nivel emocional, como son evitar la soledad o el apoyo que podemos encontrar en nuestros compañeros.
Ahora bien, la decisión se complica cuando hemos de determinar las personas de nuestro entorno elegibles para la convivencia y más aun cuando no pertenecen al círculo más próximo de nuestro entorno. Sacrificar nuestra independencia, aprender a aceptar y convivir con los hábitos de los demás o las molestias que nos pueden ocasionar en nuestro espacio más intimo, pueden ser factores que recomienden una profunda reflexión antes de plantearse esta posibilidad.
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Sacrificar nuestra independencia adquirida tras años de trabajo y esfuerzo puede ser un trago de difícil digestión. Identificar con cuales de nuestros amigos podríamos convivir. Desconocimiento de sus hábitos y costumbres domesticas. Nuestras servidumbres personales nos pueden impedir esta posibilidad. Las consecuencias que puede tener una mala convivencia pueden acabar con una relación de amistad.
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No obstante debemos valorar que los resultados de una mala convivencia pueden resultar desastrosos para una relación de amistad y que nuestra tolerancia será crucial para beneficiarnos de la experiencia.
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Determinar si nuestras circunstancias personales nos lo permiten. Valorar el ahorro que nos puede suponer. Identificar que personas serian las más adecuadas. Calibrar el grado de conocimiento de los hábitos y costumbres de las personas elegibles para la convivencia. Calibrar nuestro grado de tolerancia remontándonos a experiencias previas. Tener en cuenta las experiencias de otras personas que hayan pasado por la toma de esta misma decisión.